-Jackson-grité y él me miró- ¿Qué te pasa? ¿Por qué reaccionaste así?- pregunté a los gritos ya que el viento me dejaba un tanto sorda – si sus dones no funcionaba conmigo no entiendo porque no puedo ir- en ese momento dejó de correr.
-Bella no te quiero perder, eres lo más importante en mi vida ahora y hasta el final- habló dejándome en el suelo pero sin dejar de mirarme a los ojos- Yo te amo.
-Yo también- admití mientras acercaba sus labios a los míos- con más razón quiero ir, no me vas a perder- aseguré aunque ni yo me escuché convencida.
- Bella no vas y fin de la discusión- afirmó mientras me daba un cortito y tenso beso- te quedarás en mi casa –aseguró- te dejaré haciendo algo así te entretenes.
- Claro a vos no te importa ¿cierto?
- ¿Qué?-preguntó
- Que me muera de la desesperación metida en tu casa- afirmé- ¿te crees que con un par de cosas que hacer no me voy a preocupar?- pregunté- ¿te crees que no voy a dejar pensando si esta luchando o no? ¿Si te mataron? ¿Si mataron a alguien?- no le dí momento para que hable- Claro total ni te importa que me pase a mi.
-¿Qué no me importa Bella?- preguntó a los gritos- Si no te llevo es porque te amo lo suficiente para no dejarte ir- en ese momento me di cuenta que discutir no iba a servir en nada, él no me iba a dejar ir y con el simple echo de que me amaba y como lo amaba a él de una forma inexplicable le haría caso, o solo hasta lo que él pensaría. Amaba ser la excepción del don de Edward.
- Ahora, ¿Me llevas a mi casa?- pregunté
- Vamos- me sostuvo nuevamente como un bebe y me dio un tierno beso mientras sonreía.
Abrí los ojos con una tranquilidad que jamás había sentido en toda mi vida. ¿Dónde estaba? Esa no era mi habitación. No reconocí el lugar, me comencé a desesperar pero al mismo tiempo a tranquilizarme más y más, no entendía el porque, pero lo hacia. Miré cada detalle de esa habitación. Era blanca, espaciosa, estaba acostada en una enorme cama blanca. En una de las paredes estaba repleta de libros y CDS, y la otra pared era toda vidriada. Lo único que vi que no estaba acorde con todo lo demás era una puerta blanca semi-abierta. Me paré un poco mareada, estaba vestida, con la ropa que había usado el otro día. Me acerqué a la puerta y comencé a abrirla despacio. Y casi me muero de un susto. Dentro de un pequeño vestidor estaba Jasper. ¿Jasper?
-¿Jasper? ¿Dónde estoy?- pregunté, ahora entendía el tema de la tranquilidad.
-Estas en mi casa Bella, no te alteres- agregó
-¿Qué hago en tu casa?- pregunté
- Te desmayaste mientras Jackson te llevaba a tu casa y te trajo aquí- se escuchó la voz de campanillas de Alice. Abrí los ojos como platos.
- Pero no fue nada, solo te faltaba azúcar- aseguró- igual sabes como son Edward y Jackson no dudaron en dejarte durmiendo.
- Pero… ¿Mi hermano?- pregunté
-Ya sabe, vino a visitarte, pero tampoco te quiso despertar.
- Hoy!-grité apenas me di cuenta.
-Si y con más razón de quedas acá, yo te voy a vestir y maquillar- la miré insegura.
-No se Alice…
-Ya lo vi, ya me lo aceptaste- aseguró
-Bueno esta bien- miré a Jasper- tengo una duda- él asintió- ¿Por qué estabas en la habitación? ¿Y además tranquilizándome? –pregunté.
-Parece que tuviste pesadillas y estabas muy inquita y vine a ayudarte- sonrió.
-Gracias.
Apenas Jasper se fue, Alice me mandó a bañarme.
-¿Tenes baño?-pregunté
-Sabría que vendrías y construimos uno- sonrió.
-No era necesario- comencé a decir mientras ella me tiraba adentro del baño. Este estaba con la bañera llena y una toalla a su costado.
-Ahora báñate, pero no dures mucho porque no tenemos mucho tiempo, has dormido casi veinte horas, son las siete de la tarde y Jackson te busca a las nueve de la noche- sonrió y cerró la puerta.
Me metí en la bañera, el agua estaba tan calentita que no pude no relajarme. Pero en menos de diez minutos Alice ya estaba tocando la puerta.
-Pasaron solo diez minutos Alice!- me quejé.
- ¿diez minutos? ¿En que mundo estas bella? Ya pasó media hora- apenas escuché eso salí casi corriendo de la ducha. Me envolví en la toalla y abrí la puerta. Alice estaba esperándome sonriendo.
-Ahora sentate en la silla que esta allá que te voy a dejar echa una reina- sonrió mientras me tironeaba hacia un rincón donde había una silla y muchas cosas para el cabello y la cara.
Lo único que sentía era como me ponía productos me movía el pelo. Ni me interesaba saber que estaba haciendo. Pasaron dos horas y ella todavía me estaba poniendo cosas en la cara.
-OH!- gritó- Estas hermosa! Y se hace tarde!- volvió a gritar- después te miras en el espejo ahora ponete este vestido- Era un vestido azul de corte princesa. Llegaba hasta la rodilla y tenía unos detalles en celeste clarito. Era simplemente magnifico. Cuando me lo puse no pude creer lo hermoso que era. El azul me hacia ver más flaca y mucho más alta. Era el color que Jackson y Edward decían que me quedaba mejor. Luego de que Alice me allá sonreído mil veces me alcanzó unos tacones.
-No Alice!- grité
-Esta bien sabia que me dirías eso- sonrió y salió casi volando de la habitación. Volvió en un segundo y me alcanzó mis típicas zapatillas negras. Me las coloqué y la miré. Ella sonrió.
- Ya me lo agradecerás- sonrió- anda a verte al espejo.
Caminé hacia el baño moviendo el vestido. Me sentía linda. Pero no me había visto aun. Cuando entré al baño miré hacia el espejo. Se reflejaba una chica sonriendo, estaba con un vestido azul, igual al que yo tenía. Su rostro tenía un fino maquillaje. Y todo el pelo con bucles y algunos mechones realmente lisos. Luego de estar un rato mirándola de pies a cabezas asimilé que era yo. Esa chica que estaba enfrentándome y que estaba realmente maravillosa era Alice.
-Gracias Alice!- grité.
-Vamos llegó jackson- aseguró mientras se asomaba por la puerta- Es que soy tan buena con mi trabajo.- Me agarró de la mano y me llevó casi corriendo hacia la escalera. Comencé a bajarla y todos los que estaban en el living me miraron. Jackson con un brillo en los ojos y Edward sonriendo detrás de él.
lunes, 24 de agosto de 2009
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