sábado, 29 de agosto de 2009

Capitulo 63: “Esperanzas”

Narra Edward.

Mientras esperaba a Carlisle, unos minutos que se me hicieron más largos que mi propia vida, coloqué mi mano haciendo presión en el tajo que le había echo Jackson. Su corazón casi ni se oía, pero seguía caliente, seguía con vida. Entre los árboles pareció mi padre y se acercó a nosotros.
-Si quieres yo la sostengo y tu ve a tomar aire- dijo.
-No- contesté- yo me quedo- él asintió y me hizo sacar la mano para poner una gasa. Y le tomó el pulso.
- Es raro…
- ¿Qué pasa?-pregunté desesperado y cuando dije eso, su aroma llego hasta mis pulmones, la bestia dentro de mí quiso saltar pero no lo deje.
- Bueno, su corazón no late pero sigue caliente- me miró- Cuando llegaste…
- No la había mordido solo le abrió este tajo- interrumpí.
- Quizás le entro un poco de ponzoña- dudó.
- Y si eso paso ¿Qué le pasaría a ella?
- Como sabes necesitamos una mordida entera de ponzoña para convertirnos en lo que somos, pero jamás me puse a pensar que pasaría si no se pasa la ponzoña necesaria- la miró- deberíamos esperar, quizás se esta convirtiendo…
- No- gruñí.
- Ya es tarde para hacer algo- susurró- llevémosla a casa y la tendré vigilada- se dio vuelta- y anda pensando algo para decirles a la familia.
La familia… Quizás le podríamos decir a Alice que haga como que se fue de compras con ella, pero eso seria solo por hoy… Que se fue con Alice a pasar el resto de la semana en Port Angels. Llegamos a la casa mientras todavía pensaba en que decirle a Charlie y Tom.
-¿Qué paso?- gritó horrorizada Alice. No le di importancia y subí corriendo hacia mi habitación. Acosté a Bella en mi cama, le di un beso en la frente y bajé.
- Edward- gritó Alice- Carlisle no nos dice nada ¿Qué le paso?
- Estaban hablando con Jackson… y él le dijo que se iría, entonces él la quiso morder, pero llegué a tiempo, o eso creo, solo le alcanzó a hacer un tajo- conté rápidamente- no sabemos que le pasa, su corazón no funciona pero su cuerpo sigue caliente- susurré. Todos en la habitación me miraban asombrados, nadie entendía nada. “Que raro- decía Rosalie en su mente”, “Quizás tengamos una nueva integrante en la familia- carcajeaba Emmet”, “Si se convierte no seré el nuevo- decía Jasper en si”, “Ojala que este bien- gritaba Alice en su fuero interno”, “Pobre mi ángel- pensaba dulcemente mi madre”, “Edward- apenas escuché eso me giré, era Carlisle- ¿pensaste algo?- me preguntó”.
- Si- todos me miraron- Alice necesito tu ayuda.
- ¿Qué pasa?-preguntó ella.
- Debes escribir una nota a Charlie y Tom, diciendo que se fueron de viaje de compras a Port Angels por el resto de la semana, lo siento pero no podrás ir al instituto, porque Thomas estará ahí- conté todo mi plan lo más rápido que pude. Ella asintió y salio corriendo hacia arriba pensando en que palabras poner en la carta y yo subí a mi habitación. Bella estaba de la misma forma en la que la había dejado, su cuerpo parecía inerte, no respiraba y su corazón no latía, esa melodía que su corazón, que como ella le decía, de cristal producía, la que me hacia sonreír y me hacia sentir vivo, no estaba, no cantaba para mi, no latía. Pero su cuerpo amenaba calor, lo sentía desde donde me encontraba, verla así no me dejaba ni moverme. Hasta así se veía hermosa, se veía como un ángel, ella era un ángel. Acaricié su mejilla y me acosté a su lado- los Ángeles no mueren- me repetía una y otra vez.
La mañana siguiente todos se fueron al instituto, menos Alice, y Carlisle y Esme se fueron al hospital. Alice se quedaba por el único motivo de que Tom y sus amigas creían que estaba de viaje con Alice. “¿Puedo ir?- preguntó Alice.”
-Si- contesté para que me escuchase, ella estaba en el piso de abajo pero podría escucharme. A los segundos de decir eso entró por la puerta. Miró a Bella con una expresión de melancolía y se sentó a mi lado.
-¿Qué crees que le pasa?- me preguntó.
- No lo se- admití. “Quizás se convierta en alguien como nosotras- pensó Alice”- No lo creo- contesté- Ella sigue caliente.
- Claro…
Pasaron dos días y cada vez me ponía más impaciente. No despertaba, no se movía, su corazón no latía, no respiraba, pero sin embargo seguía caliente. Por los únicos motivos que me moví de su lado fue para cambiarme de ropa y hablar con Carlisle. La última noche había creído ver que movía una mano, pero comencé a creer que era producto de mi imaginación. Carlisle estaba tan desorbitado como yo, él no entendía que pasaba. Sabía que se estaba convirtiendo, pero no entendía porque su cuerpo estaba tan caliente. La sangre recorría su cuerpo, como si un corazón la bombeara, pero lo más extraño es que ningún corazón bombeaba nada en ella. Entonces, a la tarde del segundo día su corazón dio un estrépito pálpito y se volvió a callar.

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