sábado, 29 de agosto de 2009

Capitulo 64: “¿Qué monstruo?”

Entonces, a la tarde del segundo día su corazón dio un estrépito pálpito y se volvió a callar. Su cuerpo comenzó a perder el calor que hasta hace unos segundos amenaba.
-Carlisle- grité. Éramos los dos únicos de la familia que se encontraba en la casa. Emmett, Rosalie y Jasper habían ido al instituto y Alice y Esme se habían ido de casa.
-¿Qué pasa?-preguntó mi padre cuando entro.
- No esta más caliente, recién palpito su corazón pero ahora…
Entonces como si un milagro cayera delante de mis ojos, comencé a escuchar su corazón. Latía cada vez más alto. Tomé su mano, ahora mucho más fría de lo que hace segundos la tenia. La sangre seguía moviéndose en cada parte de su cuerpo y ahora se oía como el corazón la bombeaba. Abrió sus ojos y lo primero que hizo fue mirarme.
-Edward- susurró, coloqué mis dedos en sus labios para que se callase.
-Todo esta bien- aseguré.


Narra Bella.

Me sentía como si hubiera dormido días, tenía una rara energía dentro de mi cuerpo como si alguien hubiera apretado un interruptor en mí. Sentí el contacto de una mano tibia tomando la mía y abrí mis ojos. Estaba Edward con su cara crispada de emoción.
-Edward- susurré, colocó sus dedos en mis labios para que no hablara.
- Todo esta bien- aseguró. No recordaba bien que estaba pasando. Intente hacer memoria. Jackson. Se había ido, me había dejado. Se casaba.
-¿Qué paso?- pregunté apenas sacó sus dedos de mis labios. Y en ese momento miré a Carlisle que me estudiaba con la mirada. Su rostro que siempre lo había visto hermoso ahora lo veía el triple. Miré cada parte de la habitación, podía ver cada detalle de ella. Desde una hoja media salida de un libro en una estantería hasta las astillas del techo de madera.
- No lo sabemos Bella… ¿Cómo te sientes?- preguntó Edward.
- Bien- contesté y volví la mirada hacia él. Si Carlisle me había sorprendido apenas ví a Edward mi corazón se aceleró de una forma incompresible.
- Seguro tienes hambre hace días que duermes- aseguró Carlisle. Y en ese momento sentí un ardor en la garganta, instantáneamente me la tomé con las manos. Los dos me miraron con los ojos como platos.
- No tengo hambre- aseguré. Con solo pensar en cualquier alimento me daba unas nauseas impresionantes.
- ¿Qué tienes?- preguntó en susurros Edward.
- Me arde la garganta, la tengo demasiado seca- contesté. Entonces él miro a su padre. Se quedaron mirándose un rato largo, sabia lo que estaban haciendo.
- Bella- me miró Edward- ¿Te apetece alguna comida?-preguntó y mi estomago se dio vuelta.
- No- dije disgustada.
- ¿te da asco pensar en eso?-preguntó Carlisle mientras se acercaba a mi.
- Sinceramente me da nauseas- aseguré- ¿Qué paso? ¿Jackson?- pregunté.
- Se fue- contestó Edward- y no sabemos que te paso, creemos que cuando te mordió…
- ¿me mordió?- grité.
- Si… creemos que te transmitió ponzoña pero no la suficiente para convertirte…
- ¿Entonces que me pasa?- pregunté. Carlisle salió corriendo de la habitación. Me levanté de un salto de la cama. Fue tan rápido que me sorprendí yo misma de lo rápido que lo hice, y lo más extraño es que no había perdido el equilibrio y ni siquiera me había mareado. Edward me miraba.
- Quiero que me hagas un favor- dijo él, yo asentí- Quiero que vallas hasta la planta baja y vuelvas lo más rápido posible- no entendía porque me lo pedía- Solo hazlo- le hice caso. Salí corriendo de la habitación. La velocidad a la que iba era impresionante, no tan rápido como iba generalmente Edward, pero superaba la velocidad a la que yo era capaz de ir. Llegué a la planta baja y subí corriendo de nuevo. Entré a la habitación, sin ni siquiera agitarme y Edward me miraba con los ojos como platos- ahora quiero que hagas otra cosa- volví a asentir- Quiero que intentes levantar la cama- levanté una ceja- quiero saber algo, confía en mi- me acerqué a la cama sin discutir y levanté de un lado. Fue tan impresionante como la corrida, pude levantarla unos cinco centímetros del suelo, pero luego la deje caer. Ya estaba un poco cansada.
- ¿Qué es todo esto?- pregunté mientras me acostaba. Simplemente no entendía nada.
- Creo que te has convertido un poco en nosotros.
- ¿Qué quieres decir?- pregunté pero en ese momento entró Carlisle con un vaso en su mano. El aroma que amenaba ese líquido era sorprendentemente exquisito. Me hizo arder la garganta de tal forma que tuve que sostenerla para hacerme creer que no se desgarraría. Carlisle se acercó a mí y me tendió el vaso.
- Si puedes, bébelo- ordenó. Ese aroma me llamaba no dude ni un segundo y me lo bebí. Sentir como ese líquido pasaba por mi garganta me hizo sentir tal placer que recuperé las energías gastadas momentos antes.
- Que rico- sonreí- ¿Qué era?- pregunté. Lo prepararía cuando llegase a casa. Carlisle y Edward me miraban con los ojos como platos.
- Bella… Eso era sangre- susurró Edward. Miré hacia dentro del vaso y todavía se veía un poco del contenido rojo. Dejé caer el vaso al suelo.
- ¿Qué me esta pasando? Soy como ustedes ¿verdad? Jackson me convirtió- susurré aterrada.
-No- negó Carlisle- No eres como nosotros porque tu corazón late y se escucha la sangre pasando por tu cuerpo, además estas llorando nosotros no podemos- en ese momento me di cuenta de las pocas lagrimas que caían por mi rostro- Parece que la poca ponzoña que entró a tu cuerpo hizo cambios en ti, por ahora solo sé que prefieres la sangre, además, realmente estas hermosa.
- Corre rápido, no como nosotros pero a una velocidad sobrenatural y tiene fuerza- acotó Edward.
- ¿Qué soy?- pregunté cada vez mas aterrada por el solo motivo de no ser ni como mi familia si no que tampoco como los Cullen. ¿En que monstruo raro me había convertido?
- Mitad-vampiro- susurró Carlisle.

No hay comentarios:

Publicar un comentario