sábado, 29 de agosto de 2009

Capitulo 60: “Al fin”

El fin de semana me lo pase con Edward. Me “enseñó” a bailar, o eso es lo que se supone que tenia que aprender, él se reía todo el tiempo de mis pasos torpes y el domingo por la noche termino diciendo que había mejorado muchísimo, y se fue riéndose, y como si fuera poco, mi hermano había visto alguna de las clases y también se me reía. Luego de que Edward se allá ido me había puesto a hacer los deberes, no tenia muchos. Tom se había atrasado lo suficiente como para pedirme las cosas a mí. Apenas él cerró la puerta me acosté. Mañana vendría, llegaría, Jackson. La furia que sentía por lo de la última vez se me había ido, pero quería saber la verdad, se la iba a exigir. Si él me amaba me lo podría decir y como yo lo amo lo soportaría. Me dormí imaginándome sus ojos dorados.
-Bells, despertad, Bells!- susurraba mi hermano- Bells- gritó y abrí mis ojos- si no te apuras vamos a llegar tarde- sonrío y salio de la habitación. Me levanté y me cambie con lo primero que encontré. Bajé a desayunar. Charlie ya no estaba, era raro pues él jamás se iba tan temprano, y Tom estaba terminando de servir el desayuno.
- Hoy Charlie se tuvo que ir mas temprano surgió un problema pero no me supo decir cual- habló mi hermano como si supiera que estaba pensando.
- Ah- contesté, me alcanzó el desayuno y me lo tomé rápido.
- ¿Hoy viene a buscarte Jackson?-preguntó. Jackson.
- No… no se- dudé y escuché una bocina fuera de la casa.
- Si, si te viene a buscar- bufó- Cuídate- me dio un beso en la frente y salió de la casa. Busqué mi mochila e hice lo mismo. Delante de la casa estaba el hermoso Volvo negro de Jackson y él adentro. Me acerqué y entré por el copiloto.
- Hola- saludé mientras cerraba la puerta.
- Hola hermosa- me dio un beso en la mejilla. Arrancó el auto. Quería sacarle el tema pero no sabia como.
- ¿Te pasa algo?-preguntó.
- Quiero que me digas la verdad- me miró confundido- quiero que me la digas no importa el dolor que me produzca, voy a saber entender, porque te amo- aclaré- y si vos me amas deberías decirme la verdad- agregué. Se quedó callado mirando hacia delante.
- Te lo diré después del instituto- aseguró mientras salíamos del auto.
La mañana transcurrió tan lenta que pensé que no se acabaría nunca. El tiempo me jugaba la contra. Cuando llegó la hora del almuerzo me senté con Ámbar, Annie y Tom. Estaban hablando del baile y por un momento Tom se burlo de mi destreza en el baile. Ámbar no paraba de hablar de que Jacob le había pedido ir con ella, y que no sabia que vestido ponerse.
-¿Vamos a comprar uno juntas?-me preguntó.
- Oh lo siento, ya tengo vestido- aseguré.
- Esta bien- sonrió- ¿Cuándo lo compraste?
- Me lo compró Alice- reí.
- Creo que te buscan Bells- dijo mi hermano y me dí vuelta. Estaba Edward.
- ¿Puedo hablar con vos?-preguntó con unas facciones raras en su rostro. Asentí y me dirigió hasta el patio, supuse lo más lejos de su familia para que no nos escucharan.
- ¿Qué pasa?-pregunté cuando se sentó en un banco.
- Le exigiste saber la verdad a Jackson- afirmó.
- Si ¿y que pasa?-pregunté.
- ¿Queres que ande cerca por las dudas?-preguntó. No entendía porque me lo decía.
- No, voy a estar bien.
- Cualquier cosa me llamas al celular – sugirió.
- Cualquier cosa te llamo, pero no quiero que andan cerca escuchando nuestra conversación- aclaré- y me encantaría que Alice no la viera tampoco.
- Bueno lo primero es cumplido y lo segundo no creo que se posible- sonrió torcidamente- ahora vamos a clases que ya sonó el timbre. Caminamos en silencio hasta la clase, donde estaba Jackson esperándome en la puerta. Entramos y la clase paso tan lenta como las demás. La de gimnasia se hizo eterna, más porque me hicieron jugar. Todos me miraban con un poco de miedo cuando me tocaba sacar. Apenas salí de la clase ví a Jackson y cada una de mis terminaciones nerviosas cobró vida.
- Vamos- dijo con una voz realmente dura. Lo seguí hasta el auto. Manejó en puro silencio.
- ¿A dónde vamos?-pregunté.
- A tu casa.
- pero me prometiste…
- Te lo diré en tu casa- me interrumpió.
Llegamos a mi casa y bajamos al mismo tiempo. Comencé a caminar hacia la puerta pero él me agarro de la mano.
-Por acá- me tiró hacia la zona del bosque. Entramos caminando, un poco más rápido de lo que mis pies podían ir, hasta lo profundo del bosque. Entonces me miró a los ojos con un poco de tristeza y furia.

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