lunes, 24 de agosto de 2009

Capitulo 31: "Corazón de Cristal"

Di dos pasos hacia atrás y sentí como Jackson me agarraba de la cintura y me apretaba contra su cuerpo.
-Pero mira quien tenemos aquí- habló un hombre bajo una de las capas, era blanco como la cal y tenía sus ojos rojos iluminados- Así que vos sos la causa de todos nuestros problemas- sonrió y lo miré de mala gana- Oh perdón, es que no me eh presentado, soy Aro- volvió a sonreír. Jackson me apretó más a su cuerpo- ¿En que estábamos? A si, ¿Jackson me permites?- se dirigió hacia mi novio. Él me soltó y se encamino hacia donde Aro se encontraba. Lo miré desesperada no sabia si ir tras él o quedarme quieta. En el momento en que Jackson pasó la mitad del lugar di un paso hacia delante pero Edward ya me sostenía de la muñeca. Negó con la cabeza y dimos unos pasos hacia atrás. No podía sacar la mirada de la espalda de mi novio. ¿Qué haría? ¿Le leería la mente? Apenas estuvo a menos de medio metro de Aro le extendió la mano y Aro la sostuvo. Fue un momento de puro silencio, donde solo se veía la mirada perdida de Aro y la espalda de Jackson. Soltó la mano de mi novio y él volvió a su lugar. Sosteniéndome de la cintura.
-Interesante- exclamó Aro y me miró- ¿Edward? –preguntó, él asintió y se acercó a Aro. Le extendió la mano y pasó exactamente lo mismo que con Jackson. Cuando la soltó Edward no tenia ninguna expresión en la cara.- ¿Enamorado Edward?-preguntó juguetón Aro- Interesante- volvió la mirada hacia mí y Jackson me apretó más hacia su cuerpo.
-¿Qué pasa Aro?- preguntó una voz masculina detrás de él, también era tan blanco como el otro y tenía un largo cabello que le caía desde adentro de la capa.
-Clama querido Cayo, tendremos que hacer un trato- aseguró Aro.
-¿Un trato? –pregunté y todos me miraron incrédulos. En ese momento me di cuenta que no había sido una buena idea. “No te metas por favor” rogó Jackson en mi mente.
-SI querida Bella- dijo Aro- Es un trato o los matamos- aseguró con una sonrisa en su rostro.- pero antes de eso- miró a Jackson- Bella ¿me permites? -Y me extendió su mano, Jackson me agarró con más fuerza.
-Jackson déjame ir- aseguré.
-No- negó jackson.
-Si- y me las arreglé para soltarme. Me encaminé lentamente hacia donde se encontraba Aro, y sentía la mirada de once vampiros clavada en mi espalda.
-Veamos- susurró Aro a un tono a penas audible mientras sujetaba su mano- Interesante, no veo nada- aseguró, se volteó y miró a una chica rubia que estaba cubierta con una de esas capas- Jane querida acércate- la llamó mientras soltaba mi mano. Y en ese momento todo pasó muy rápido.
-No!- gritó Jackson mientras se interponía en el camino de Jane. Y se cayó al piso, comenzó a gritar y retorcerse del dolor.
- Ya basta!- grité mientras corría hacia Jackson- deja de hacerle eso!- le grité a la rubia quien sonreía. Dejó de sonreír y jackson se puso de pie a mi lado. Lo miré asustada. Él solo asintió. Y en ese momento en mi derecha apareció Edward. La rubia, a quien Aro le había llamado por el nombre Jane volvió a sonreír, Edward y Jackson cayeron al piso junto con todos los de la familia Cullen y Colons. Excepto yo. Jane quien intentaba sonreír lo más que podía y se esforzaba con matarme con la mirada, pero en mí no hacia nada. Estaba horrorizada.
-¡Basta!-grité pero nadie reaccionaba y jane no paraba de sonreír, mire a Aro- ¿Qué hago para que se detenga?- le grité histérica, él sonrió.
-Acércate aquí- exclamo, sin pensarlo dos veces me acerqué a él. Y en ese momento no solo vi que todos los Cullen y Colons se levantaban si no que quedaba en el centro de un circulo de vampiros con capas negras- Mejor que no se acerquen- exclamó Aro- le podríamos hacer algo a su adorada humana- yo tenia mi mirada clavada en una sola persona, Jane. Quien seguía intentando sonreír.- Seria una pena perder a esta muchacha- comenzó a hablar Aro- es muy bonita- en ese momento me agarró del mentón- y parece ser valiente- luego de eso hubo un silencio sepulcral. Lo único que se escuchaba era el latido de mi débil corazón, el cual latía frenéticamente por el miedo. En ese mismo instante sentí que mi corazón era de cristal, tan frágil y valioso como tal. Era la única que realmente estaba con vida en ese momento y si me llegaban a dar un pequeño golpecito se rompería en mil pedazos y dejaría de latir. Mi corazón era de cristal. Y parecía que cada uno de los que se encontraban en ese lugar estaban al tanto de eso.

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