Viernes. El día en el cual mi hermano se iría con Jessica y Alice vendría a pasar todo el fin de semana conmigo, y bueno con la compañía de Edward, quien se iría para las noches. Jackson se había ido de caza por lo que no estaría en su compañía y eso me desagradaba un poco. Habíamos quedado con Ángela y Mike que iríamos a ver una película de terror, por un lado no me gustaba la idea pues odiaba las películas de terror y al no tener a Jackson se me hacia más difícil la idea, pero era eso o que Alice me maquillara. Ellos me buscarían a las ocho de la noche. Era recién la mañana y me había levantado Thomas para despedirse de mi y darme las ultimas indicaciones.
-Cualquier cosa me llamas- decía mientras bajamos las escaleras- no te olvides de cerrar con llave la puerta de noche, dejé comida en la heladera solo la tienes que calentar- seguía dando ordenes mientras me refregaba los ojos- No te olvides de que Jacob no tiene permitido la entrada, y la promesa que me hiciste con Jackson- lo miré de mala gana- bueno esta bien no te molestaré más- se giró y me miró- Adiós Bella, cuídate por favor.
-Buen viaje hermano-saludé y lo abracé- que la pases bien- le guiñé un ojo y él sonrió.
-Lo haré- sonrió pícaramente -solo porque vos me lo deseas- volvimos a sonreír y se fue hacia la furgoneta. No entré a la casa hasta que vi que la furgoneta se perdía de mi vista. Por lo menos hasta después del instituto tenia la casa para mi sola, un privilegio, ya que siendo temprano tenia aproximadamente una hora en mi casa. Decidí ir a bañarme. Cerré la puerta con llave, como Thomas me había dicho, y subí corriendo las escaleras. Entré al baño y abrí el agua de la ducha, mientras esperaba que el agua calentara, me dirigí hacia mi habitación, donde busqué ropa para el día de hoy. Unos jeans negros, mis zapatillas negras de siempre y una polera de color lila, con una simple campera de Jean. En el camino de vuelta al baño agarré una toalla. Cerré la puerta para que el calor que provocaba el vapor no se valla de allí, pues hacia mucho frío. Me metí en la ducha. Fue un alivio sentir el agua caliente chocar contra mi cuerpo desnudo, me traía mucha tranquilidad. Me encargué de que mi cabello, el cual siempre estaba enmarañado, quedara lo más liso posible… un intento en vano pues era imposible, esas pequeñas ondas que siempre se me formaban al secarse era inevitable. Salí de la ducha y me vestí lo más rápido posible dentro del baño. Decidí hacerme dos trenzas, me parecía muy tierno como me quedaban, me hacían pensar que todavía estaba en mi niñez aunque no fuera así. Abrí la puerta del baño y ahogué un grito. Edward estaba al pie de la escalera.
-Perdona no era mi intención asustarte.
-Si no me quieres asustar por lo menos llama a la puerta- sugerí. Él sonrió torcidamente.
-La próxima lo haré- juró mientras terminaba de subir las escaleras. Me dirigí a paso torpe hacia mi habitación. Digo paso torpe pues me enredaba con mis propios pies. Edward no solo producía en mi tranquilidad, también hacia que cada uno de mis movimientos fueran el triple de torpes de lo que ya eran y eso era vergonzoso. Busqué mi mochila para colocar las cosas en ella. Mi carpeta ¿Dónde la había dejado? A si en el armario. Sentía la mirada de Edward clavada en mi espalda y eso me ponía nerviosa. Caminé hacia el armario y allí estaba mi carpeta. La saqué pero junto con ella se calló todo un estante de ropa. Edward se carcajeó detrás de mí.
-No te rías Edward- protesté mientras me daba vuelta, y como siempre algo tenia que pasar, me llevé por delante la silla del ordenador y caí de cara hacia el suelo. Antes de que mi rostro tocara el suelo sentí como las heladas manos de Edward me agarraban de un brazo y me tiraban hacia arriba.
- Sigues sorprendiéndome con tu torpeza- rió. La sangre me subió rápidamente al rostro. Edward volvió a sonreír. Me solté de su brazo y seguí colocando las cosas en la mochila fijándome bien el suelo y mis alrededores para no volver a caer. Apenas terminé bajé para desayunar. Edward en silencio seguía mis pasos. Todavía nerviosa y avergonzada abrí las puerta del armario para sacar un bol. Pero como era de esos días en el cual cada cosa empeoraba la otra, cuando saqué el bol se calló todas las ollas de metal junto a unas tazas de porcelana las cuales se rompieron haciendo un estruendo en el suelo. Edward volvió a carcajear a mi espalda y yo comencé a juntar las cosas maldiciendo mi suerte. Edward comenzó a ayudarme.
- Bella creo que no es un buen día para ti el día de hoy, ¿estas segura que quieres ir al instituto?-preguntó conteniendo la risa.
- Si, no aguantaría en esta casa sola, con la suerte que tengo es posible matarme antes del mediodía- intenté relajarme un poco. Abrí la puerta de la heladera y me quede mirando el yogurt, estaba indecisa, pues tenia miedo de que se me vuelque en el camino.
-Bella- dijo Edward y me giré para verlo- ¿te ayudo?-preguntó, volví a mirar el yogurt.
-No esta bien, creo que no desayunaré hoy- y cerré la heladera. Decidida a que no quería que me pase nada más me quede parada en la mitad de la cocina alejada de cualquier cosa. Edward me miraba con una ceja levantada.
- Bella ¿vamos?-preguntó. Yo asentí y caminé lentamente hasta la puerta. Intenté abrirla pero estaba con llave.
-¿Cómo entraste? SI esta con llave- pregunté confundida mientras abría la puerta con la llave.
-Por la ventana Bella, como siempre.
Salimos de la casa y vi su flamante volvo. Sonreí al ver que era plateado y no negro, era raro. Antes de llegar al auto por supuesto me resbalé, el suelo húmedo no iba de mi ayuda. Me dí un golpe fuerte en la cabeza pero intenté convencerle que no era nada, no lo hice por supuesto y decidió que lo mejor era no ir al instituto.
-Se llega a enterar Thomas que no fui y…- me quedé sin decir nada.
-¿Y que?-preguntó Edward mientras manejaba.
-¿A dónde vamos?-pregunté cambiando de tema.
-A mi casa- sonrió- Carlisle y Esme salieron de caza y todos los demás estan en el instituto.
-¿Y que vamos a hacer en tu casa?-pregunté.
-Pasar el rato.
-Oh no romperé todo, creo que no es conveniente que el día de hoy me lleves a tu casa, sabes es todo de cristal y delicado- intenté convencerle.
-Yo cuidaré que no pase nada- sonrió.
sábado, 29 de agosto de 2009
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